TREINTA AÑOS DE ESCULTURA CUATRO CAMINOS DE EXPRESIÓN

Llega Bóregan a este incomparable marco del palacio del Marqués de San Adrián con una amplia retrospectiva, una muestra antológica de su obra, tras treinta años de dedicación total transitando por los azarosos y difíciles caminos el arte. Y que, como ocurre en muchos artistas, partiendo de un concepto figurativo clásico, desembocará en otro cercano a lo abstracto, sin dejar por ello la figuración.

Cuatro son los caminos claramente recorridos por Bóregan durante este tiempo, cuatro las huellas dejadas en cada uno de ellos y que en esta exposición podemos contemplar. En el primero, en lo que se podría denominar como su “etapa formativa”, el artista se adentra en un realismo formal, donde los detalles de diversas partes del cuerpo humano tienen como referente los cánones clásicos grecorromanos con un singular gusto arcaizante.

Poco a poco, el esquema corporal, objeto principal de sus representaciones, va esquematizándose, perdiendo el detalle, en este segundo camino, para quedar el gesto como forma expresiva de unos volúmenes donde las formas redondeadas, pulimentadas en la piedra y en la madera, se imponen en sus recurrentes temas donde abundan los torsos y maternidades.

Aunque es en el tercer camino donde Bóregan encuentra su voz propia, su firma de calidad y una asentada seguridad en su quehacer. La escultura ya no necesitará firma porque se reconoce en ella la mano personal del autor. La figura humana sigue estando presente con una nueva concepción geométrica, en la que las aristas y el vacío entre volúmenes juegan un papel importante como el de los espacios sólidos de la materia. Pero esta obsesión temática por el cuerpo humano no es puramente estética; bajo ella subyace la preocupación por su mundo interior, con sus inquietudes y sus conflictos, su soledad, su sensualidad y su comunicación. El éxito de crítica y ventas por exposiciones de todo el mundo corrobora esta gozosa realidad de que el artista ha alcanzado plenamente su madurez artística.

Pero el alma del artista es inquieta y apasionada por naturaleza, siempre a la búsqueda de nuevos caminos. Por eso, aunque sin abandonar esta tercera ruta personal, Bóregan experimenta a un lado y a otro de esa difusa línea que separa lo figurativo de lo abstracto, incorporando materiales diferentes e investigando en otras formas de representación. Un cuarto camino que, a buen seguro, vista la progresión escultórica de Bóregan, se ramificará en otros diversos.

Bóregan es ese artista y ese mago a quien he visto transitar y crecer paso a paso por esos caminos, a veces de pétalos, a veces llenos de abrojos, hasta alcanzar esta voz original llena de calidad y de fuerza lírica. De arte, en suma. El barro, la piedra, la madera, el hierro y el bronce son sus medios de expresión y no tienen para él secretos. Contemplemos ahora su obra en estos veinte años de historia. Oigamos su palabra hecha escultura con mayúsculas.

Pepe Alfaro -escritor -